Soul, jazz-rock, candombe y funk se mezclan en el cóctel del primer y único álbum de La Banda.
Considerado a menudo como el primer supergrupo argentino, el conjunto forjó su reputación gracias a sus explosivas presentaciones en vivo durante una época de represión política. De corta duración pero inolvidable, el sexteto reunió a músicos de jazz de primer nivel —cinco argentinos junto al ícono uruguayo Rubén Rada— para ofrecer un sonido profundo e impactante que resuena mucho más allá de su época.
Rada llegó a Buenos Aires maltrecho: un desastre amoroso y una serie de salas de conciertos vacías en Montevideo lo habían impulsado a empezar de cero a los 35 años. Detrás de él se extendía una trayectoria extraordinaria: desde inventar el ritmo candombe con El Kinto, hasta liderar la poderosa banda de rock latino Tótem, y grabar jazz cósmico con Opa junto a los hermanos Fattoruso. El trompetista Benny Izaguirre, artífice de la banda, reunió a su alrededor a un elenco de pesos pesados: el pianista Jorge Navarro, figura esencial en la escena del jazz de Buenos Aires desde la década de 1950; El saxofonista Bernardo Baraj, forjado en Alma y Vida, los campeones del jazz-rock argentino; y la irresistible sección rítmica del bajista Ricardo Sanz y el baterista Luis Ceravolo, ambos veteranos del quinteto de Astor Piazzolla. Los tres —Baraj, Sanz y Ceravolo— formaban parte simultáneamente de Banda Spinetta, el proyecto jazzístico de la leyenda argentina Luis Alberto Spinetta.
Las sesiones también contaron con la participación de dos invitados que no necesitaban presentación: el guitarrista David Lebón —veterano de Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Color Humano y Serú Girán, uno de los verdaderos gigantes del rock argentino— y el guitarrista y productor Daniel Homer, una figura discreta pero indispensable en la escena del jazz y el rock de Buenos Aires.
Grabado en 1979 y desaparecido casi tan pronto como llegó, la breve existencia de La Banda y este único álbum capturan el sonido de Buenos Aires cuando se le permitía respirar. Entre redadas, entre desapariciones, en las horas robadas en que la música resonaba más fuerte que el miedo.

